Los
oráculos concuerdan con la realidad: nada crece salvo flores de un día; no hay
predicciones de primavera (que en esta parte del mundo no existe). Son
solo cartas de papel que encarnan la misma existencia de utilería. Adivinación
vacía de su eco sin voz, estampas incomprensibles que imitan los símbolos de
una vida sin razones. La lectura de todas las señales es una imposibilidad
abigarrada. La mano abierta del destino mezquino es plana y seca; no tiene
líneas ni surcos para interpretar... Tiene sólo cinco dedos fríos que apuntan a
los fundamentales fracasos sufridos: el del amor, el del alma, el de la bondad,
el de la grandeza, y el de la magia.
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