Los minutos -más pesados que mi leve cuerpo vacío ya de
alma-
me arrastran consigo sin decirme adónde vamos.
"A mañana" creo oír que susurran.
Yo sólo me dejo llevar a mañana,
y al otro mañana,
incesante
mañana que no tiene futuro;
a la próxima hoja del calendario vacío,
al día después de la repetición del mismo nudo y desenlace.
Así vivo, el tiempo me arrastra por un brazo
(la esperanza me soltó del otro)
Y si no lo hubiese ya hecho,
yo terminaría mordiendo su mano,
hasta lograr que me dejara ir.
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